Relaciones liana

Mujer tarzán
Katy Perry con una liana. Y un bañador de leopardo muy apañao.

A veces una relación se acaba porque su ciclo se ha agotado. El tiempo pasa y hay divergencia de intereses, expectativas, deseos.  Otras veces nos enamoramos de una proyección más que de una persona, y al conocerla mejor averiguamos que la realidad no nos gusta tanto. O, yo qué sé, se tiene que ir a Sudamérica a buscar a su madre como Marco y tú no quieres emigrar. La cosa es que la relación romántica se acaba (o, con un poco de suerte, se transforma en otra cosa que también es guay) por elementos internos de la propia relación. O externos. Pero DE ESA RELACIÓN.

El tiempo puede fastidiarte una pareja o puede ayudarte a consolidarla, depende de lo que hagas con él. Una vez se pasa la ENR , la energía que impulse la relación será la que tú le quieras meter. Yo tengo que tener especial cuidado con eso, porque mi ENR es muy fuerte inicialmente (lo que quiere decir que tengo que meter el freno y pensar muy bien lo que hago, y las probabilidades de hacer el capullo a pesar de las precauciones se disparan) pero luego cae a plomo tras unos meses, y mi deseo dependerá mucho más de lo que hayamos construido juntos y nuestra historia común que de mis hormonas. Y si estamos acostumbradas a que la ENR sea la que lleve adelante la conexión , si no hemos decidido de forma consciente y voluntaria comprometernos con ella y hemos establecido un marco de expectativas mutuas bien comunicadas, etc., la cosa se va a ir a la mierda en cuanto haya la más mínima dificultad.

Dificultad es que una de las dos personas pase por una temporada de estrés o enfermedad, que tengan una crisis por razones externas (como mudanzas o crianzas), que las familias y redes afectivas de origen vengan a tocar las narices, que sea necesario hacer frente a una carencia en esas redes (como cuidar de una amistad o familiar enferma, etc.). Que tengas un periodo de desavenencias, que haya menos momentos gratificantes que antes. Lo que sea.

Si tienes la costumbre de cuidar la relación solo cuando te apetece y te lo pide el cuerpo, sucede que en esos momentos te lo va a pedir poco (estar al lado de gente enferma, agobiada, deprimida o gruñona es poco sexy). Además, es la clase de situación que se retroalimenta. Cuidar con cariño de una relación cuando no es todo risas y alegrías, seguir siendo transparente y hablar las cosas, etc. no garantiza que las cosas vuelvan a ser estupendas. Pero no hacerlo sí es casi un billete seguro al país del “fuck you, no quiero verte más”.

Pero hay otra razón externa que puede finiquitar una relación en dificultades: que aparezca una nueva persona que haga despertar nuestra ENR, nuestras proyecciones y toda la orquesta con clarinetes, tuba y trombón. Y ahí es donde aparece la idea de las relaciones liana.

Si piensas en Tarzán avanzando por la selva entenderás inmediatamente a qué me refiero. Las lianas sirven para desplazarte en el vacío, y lo más seguro es no soltar una hasta que te has enganchado a la siguiente.

En monogamia, eso da lugar a la monogamia seriada. En cuanto la liana en la que estás te hace sentir menos cómoda o el viaje no es excitante y super molón, saltas a otra. Pero la monogamia, al menos en teoría, te obliga a arriesgarte. No es aceptable empezar una relación sin haber dejado la anterior.

En no monogamias, sin embargo, la tentación de utilizar las relaciones como lianas es mucho mayor. Puedo conocer a alguien nuevo (a los seres humanos nos encanta la novedad), fliparme con gustarle a alguien a quien no tengo ya en el bote, contarle de nuevo mis viejos chistes y que le encanten, etc. Y dedicarle más atención y espacio mental que a mis relaciones anteriores, que puedo mantener de forma simultanea sin el coste de confrontar una ruptura.

Las relaciones antiguas morirán por desatención y distancia, pero poco a poco, permitiéndome hacerme la ilusión de que “no estoy siendo una relacionista en serie”, que no voy a la caza de novedades, emoción, validación externa y despreocupaciones, sino que “he conocido a alguien con quien he conectado de forma especial”. O sea, la excusa de la no monogamia y las relaciones múltiples me permite ignorar que estoy haciendo el capullo porque eh, no he roto con nadie y mi corazón es infinito y no le ponemos límites al amor y las jerarquías están demodé. Y dos huevos duros.

 

Yo no puedo evitar que otra gente haga el capullo conmigo, y no tengo interés en evangelizar a nadie (ya le doy la brasa aquí a quien quiera echar un rato de lectura). Me preocupa bastante más no hacer el capullo yo.

Estas son mis estrategias para evitar caer en las relaciones liana. Por si os sirven.

a) Si conozco a una persona nueva y de repente mis relaciones antiguas me empiezan a parecer aburridas y problemáticas, ALERTA.

Que es muy fácil empezar a contarme milongas para justificar dedicarle atención a unas y no a otras.
Es el momento de redoblar mi atención en trabajarme y cuidar las relaciones que ya tengo, sean románticas, familiares, amistosas, etc. al nivel que considero adecuado.

b) Prioridad de mis relaciones antiguas sobre las nuevas.

Sí, a mí las jerarquías me parecen bien, siento la decepción, y las etiquetas también. Ahora, las etiquetas las pongo yo y están para servirme a mí, y las jerarquías las establezco como me parece sensato a mí, no como esperas tú. Así que ante la duda, es mejor preguntarme.

Mi hijo tiene prioridad sobre las demás relaciones; el padre de mi hijo (que ya no es relación, pero sí familia) tiene prioridad sobre un montón de gente; mis amistades y relaciones antiguas tienen prioridad sobre las nuevas. Y si dejan de tenerla, su pérdida de importancia no dependerá de que haya entrado alguien más shiny en escena. Te puedes quedar fuera del autobús, claro que sí. Pero será por lo que hagas o dejes de hacer tú.

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Porque nunca sobra una referencia a Firefly. NUNCA.

¿Qué significa prioridad? No es exclusividad ni derecho de veto. Sino que antes de hacer algo con una persona que acabo de conocer, valoro muy de cerca el impacto que eso va a tener en mis relaciones ya existentes. Y elijo en consecuencia.

A lo mejor nos han presentado en un evento y se me tensan los pezones solo de ver cómo me miras y lo que fuera por meterme en tus pantalones… pero llevo un mes sin ver a mis amigues de Vallekas. Así que me despego con dificultad de mi deseo inicial y el finde busco hueco para ver a mi gente. Que a lo mejor no es lo primero que me apetece porque mis pezones tienen un enorme poder sobre mi cerebro, pero sé que lo que me produce satisfacción a medio plazo son mucho más mis amigos, parejas y familia que mis ligues.

c) Como consecuencia de lo anterior, a veces toca decir “me pareces una persona súper interesante pero no voy a verte de forma habitual. “

Y lo he hecho y anda que no me ha jodido, porque era gente muy prometedora.

Pero es que no cabes. No ya por tiempo, sino por energía mental. Mi plan de relaciones no debo hacerlo partiendo de la base de que todo el mundo va a estar estupendo siempre y cuidando de mí a tope. Tiene que ser un plan que soporte que varias personas de mi red necesiten mi apoyo simultáneamente, y que a la vez sea compatible con ganarme la vida y no volverme loca.

Y podría tirar del bullshit “bueno, no me comprometo a nada, nos vamos viendo mucho pero cuando toque que no, asumes que no y ya está”. Pero eso es hacerle el lío a la otra persona y hacérmelo yo. Y no deja de ser un salvoconducto que me da derecho a no cerrarme ninguna puerta.

El contrato me permite aburrirme de esa persona y dejarla tirada en la próxima curva sin derecho a devolución del importe  (“ya te lo advertí”) y a la vez me da la opción de que surja la ENR y me enganche como un perezoso, marcándome inmediatamente un Houdini y desapareciendo del resto de la red.

En ninguno de los dos casos es un buen camino.

¿Y qué pasa si me estoy perdiendo una relación maravillosa que sería el culmen de mis aspiraciones románticas, sexuales y de pareja de mus?

d) Procuro recordar muy fuerte que las personas aparecen, pero las relaciones se construyen.

Una persona puede ser maravillosa y a lo mejor encajaríamos muy bien. Pero si mi estilo es tirarme encima de ella a costa de perder foco en lo que ya tengo, mi estilo no es muy deportivo, que diría Fezzik. Mis posibilidades de tener una relación buena con esa conducta son mínimas. Y la “persona irreemplazable que no hay que dejar escapar” no deja de ser pensamiento mónogamo a saco; economía de la escasez (“nunca dejes pasar una oportunidad, que el amor y el sexo los pintan calvos”) y promesa de la media naranja. Ambos candidatos al premio “Pensamiento que más te puede joder la vida”.

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Fezzik mirando tu estilo. Tampoco le gusta.

Oh, persona maravillosa. Si realmente somos tan compatibles y estamos destinadas a tener algo fantástico, tomálo con calma y acepta que la cosa empiece con un café de vez en cuando y, probablemente, bastante chat. Mi vida no está cerrada a gente nueva, solo que no es el Carrefour.

Estas son mis estrategias para no caer en las relaciones liana. Construidas a base de leer (no creo que nada de lo que digo sea nuevo), observar mucho a otra gente y, por supuesto, meter la pata y caer en el tarzanismo alguna vez. Pero de todo se sale.

Esto entronca bastante con el Coleccionismo de Relaciones y la Monogamia Múltiple, pero eso se queda para otro post.

 

 

2 comentarios sobre “Relaciones liana

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